sábado, 31 de julio de 2010

La muerte nutre la vida

Título : Departures / Despedidas
Dirigida : Yojiro Takita
Escrita : Kundo Koyama
Género : Drama
Duración : 130 minutes, Color
País : Japan
Año : 2009

1. Desvestir a la muerte. Dice Savater, en Las preguntas de la vida, que la primera vez que se es consciente de la muerte; no de la muerte de los demás, sino de la propia, en primera persona singular: “¡Qué cosa tan rara y terrible, tan peligrosa, tan incomprensible, pero sobre todo qué cosa tan irremediablemente personal!”

Savater la descubrió solitario una noche; casualmente, casi de la misma manera la descubrí hace muchos años cuando era niño, en una noche de murciélagos en mi antigua casa colonial en Granada, experiencia que seguro también campartirán algunos lectores nosotros.

De la muerte me hacen falta muchas cosas por aprender; en especial, de las dos premisas centrales de Departures (Despedidas):

a) “la muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida”. Malraux y

b) “si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel”. Gandhi.

Espero tener tiempo suficiente para conocer ambas.

2. Limpiar el cuerpo. Experimentamos profundamente la muerte cuando afecta nuestros lazos de consanguineidad o de amistad; ya sea que nos tome por sorpresa o con conocimiento de causa. Pero cuando el afectado es un tercero, no siempre es igual la intensidad, ni nuestra sensibilidad.

En el plot de Despedidas, al perder su empleo de chelista, Daigo regresa a su pueblo natal y, a la vez, se adentra en las heridas abiertas de su pasado. En búsqueda de trabajo, responde a un anuncio titulado “Departures”, pensando que está relacionado con una agencia de viajes; pero, luego descubre que la empresa NK requiere un asistente en la preparación de cadáveres. Un Nokanshi, un profesional en los rituales mortuorios japoneses.

3. Vestirlo apropiadamente. En Japón las tradiciones tienen raíces inmemoriales, en contraste con las pocas que en Costa Rica están firmemente arraigadas. Nuestros ritos fúnebres son dominados y propiedad de la Iglesia Católica. A pesar de 500 años no los hemos interiorizado. Es como si el Zorro de El Principito hubiera dicho esta frase para nosotros: “El rito es algo… demasiado olvidado”.

Takita nos maravillará por su respeto de la tradición del ritual de la preparación de los cuerpos ante la familia doliente. El respeto por los restos del difunto.

Los velos de la ceremonia se descubren desde dos perspectivas en el desarrollo de la ficción. Desde la comedia, pueden resultar sumamente graciosos; en estos casos, no estamos ante la vivencia del rito, sino en otros espacios y momentos. Desde el drama, el respeto es impecable; incluso, hasta en la primera escena que nos robará una sonrisa maliciosa, pero que nos revelará su verdadero valor más adelante en la historia.

4. Maquillar al difunto. Takita es un virtuoso entretejiendo la muerte y la vida, al confrontar sonrisas y lágrimas. Si usted observa algunas escenas con liviandad, podría tildarlas de melodramáticas. Pero no lo son, que le sirvan de comparación pelis, como Magnolias de acero (Steel Magnolias), Quedate a mi lado (Stepmon) o La fuerza del cariño (Terms of endearment). ¡Nada que ver! En Despedidas no hay concesiones al espectador. Su núcleo gravita en el impacto que el rito produce para la sanación de los dolientes, del personaje principal y de quienes les rodean.

Por su parte, el maquillaje es fiel a las cualidades del deudo o a la escena que transcurre. Takita lo sabe; y por ello, cuando trata la premisa secundaria (Hay que comer para vivir, pero no vivir para comer. Moliere), como un platón de pollo frito en la boca de los comensales hambrientos, lo hace con la viva fidelidad de la vida: sin maquillaje, cargada con la crudeza que la caracteriza. “No hay amor más sincero que el amor a la comida”, decía Bernard Shaw.

Pero cuando le corresponde al rito, es absolutamente sobrio.

Para terminar de redondear la calidad de la propuesta, la fotografía y la música colorean a la perfección las estaciones con temas sublimes de Brahms, Beethoven y otros. Además cuenta con actuaciones impecables de Masahiro Motoki (Daigo), Tsutomu Yamazaki (Sasaki) y Ryoko Hirosue (Mika).

5. Despedida. El temeroso Daigo reparará sus propias heridas, superará la mediocridad de su pasado como concertista, el desprecio social y familiar y, como si fuera poco, restablecerá la relación con su esposa y su padre; además de contribuir a restaurar las vidas de aquellos a quienes ofrece sus servicios. Todas las situaciones irremediablemente complejas e irremediablemente personales.

Despedidas, ¡es tan buena! que mejor Sasaki diga adiós con una línea de su propio diálogo,”…tanto, que molesta.”

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