jueves, 4 de noviembre de 2010

La realidad supera a la ficción: La salida


Reconozco que le tengo mucha “tirria” a las secciones de autoayuda de las librerías. Para no despreciar un obsequio de mi mama, leí las primeras 60 páginas de Tus zonas erróneas de Wayne Dyer y no pude terminarlo (ella lo sabe). Curiosamente si he podido soportar dos libritos del sicólogo colombiano Walter Riso (se me fue la mano) y Juan Salvador Gaviota a la edad de 16 años. Eso sí, el último aun me parece un texto enaltecedor.

El motivo de este post es ofrecerles un comentario sobre el libro La Salida de Antonio Álvarez Desanti de reciente publicación y amplia difusión, no solo publicitaria, sino informativa; pues su autor ha sido sujeto de múltiples entrevistas en diversos programas noticiosos y hasta deportivos, considerando la temática de la obra.

No es para menos, un político convertido a escritor ya es noticia, pero si además le agregamos el componente de un aparatoso accidente, en el que un tráiler lo envistió mientras transitaba en bicicleta por la autopista a Cartago, doblemente.

Todo entra por los ojos. El libro tiene con una impecable edición de editorial Juricentro. Cuenta con una llamativa y creativa portada diseñada por Manuel Méndez, una “cleta” construida con múltiples artefactos ligados a la profesión médica desde un estetoscopio hasta un termómetro.

Refieriéndome al texto, desde las primeras líneas se nota que no existe ninguna pretensión estética ni literaria, sino que la narración es funcional a los objetivos o motivaciones que lo llevaron a escribirlo. Por medio de una exposición histórica casi lineal, descubriremos el esfuerzo de la familia Álvarez Marín, por alcanzar la solvencia económica que ostentan, sin dejar a un lado la calidez y el amor intrafamiliar que cultivan la pareja y sus hijas, todo un ejemplo para la comunidad nacional.

Luego, enfrentaremos la narración del accidente, no sin antes conocer la dedicación que profesa el autor por diversos deportes. Inmediatamente, nos meterá de lleno a los días previos a la intervención quirúrgica que le fue realizada para corregir numerosas lesiones que recibió. Nos describirá -paso a paso- las terapias y como puede lograrse una recuperación plena gracias a la tenacidad y el apoyo de sus familiares y sus más cercanos amigos y colaboradores.

El texto comienza con la palabra inmune. Nada más lejos de la realidad. Como dice la gente: “Para morirse, hay que estar vivo”. Un accidente puede ocurrirle a cualquiera y Antonio se salvo de puro milagro.

Me llamó la atención que el texto no tiene ningún interés político e, incluso, evita a toda costa ponerse al servicio del panfleto o la propaganda, lo cual considero un gran acierto. A penas es utilizado para refererirse a la problemática central que enfrentan los ciclistas de Costa Rica: casi el 100% de las vías del país están reservadas para los automóviles (agregue el comportamiento desconsiderado de los conductores), pero no ofrece soluciones políticas. Esta situación es una de las más grandes incoherencias entre las políticas públicas de promoción al deporte y la cotideaneidad en un país amante del ciclismo.

Sin lugar a dudas es un libro inspirador, no solo por su lucha por superar la dificultad del accidente, sino muchas otras. Además por la cohesión y apoyo de sus familiares y amigos, pero ante todo por mostrarnos relaciones familiares en donde el amor es el centro de sus vidas.

Aquí estoy haciendo el inventario de metas y propósitos para ver cuál será el primero que enfrentaré en las próximas semanas.

Recientemente, tuve la oportunidad de conocer a Antonio y a Nuria en una cena a la que fui invitado y personalmente pude constatar, que la realidad siempre supera a la ficción. Lectura recomendada.

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