domingo, 5 de febrero de 2012

Caballo de guerra

War Horse. Steven Spielberg. USA. 2011

El caballo ha acompañado al hombre desede tiempos inmemoriales en las tareas más duras labrando campos, en el transporte, como compañía -ahora se le atribuyen algunas propiedades curativas- y hasta en la más negra de las empresas "humanas": la guerra.

La historia describe la relación del potrillo Joey -desde su nacimiento- con el jovén Albert que lo conducirá a enrolarse en la Primera Guerra Mundial con el propósito de encontrarlo y recuperarlo.

En este periplo, vamos a palpar el papel que han jugado los equinos en la historia de la humanidad; e incluso, nos recordará un despiadado y desigual enfrentamiento entre tecnologías dispares.

La secuencia en donde se conjuga la sensibilidad de ambos bandos para ayudar a Joey y la previa con el caballo desbocado en la tierra de nadie entre las trincheras son las mejores y dramáticas de todo el filme. La nobleza del caballo espejo en los combatientes, de como podemos llegar a ser verdaderamente humanos por la vía de la compasión.

Al salir del cine, mis hijos se sintieron defraudados. Yo pensativo, ¿Qué hubo en la mente de uno de los directores más destacados de las últimas décadas para ofrecernos esta historia, tal y como la contó?

De primera entrada me vino a la cabeza Disney, luego pasé a época dorada del western, enmarañado con Salvando al soldado Ryan del propio Spielberg. Pensé en pelìculas como Sin novedad en el frente de Milestone, Shane de Stevens, ¡Qué verde era mi valle! y Las uvas de la ira de Ford, incluso en Cartas de Iwojima de Eastwood.

Hasta que finalmente me cayó la cora. Con esa referencia tan fuerte en la foto, música, historia, vestuario, encuadre, montaje, entre otras del cine clásico; pues, ¡Es un homenaje al género y a los grandes directores de esa época!

Solo en dos cosas no. En la duración, 146 minutos, muy por encima del promedio habitual, pero semejante a las obras maestras que he mencionado y en el exceso de recursos técnicos. Los clásicos eran mucho más puros y simples, con poco lograban mucho.

Sin duda me hacen falta referentes para disfrutarla plenamente. No es una película comercial. Su puesta en escena tiene un nivel de profundidad que excede mis conocimientos cinematográficos. Es cine para eruditos. Le va tocar duro en las taquillas.

A la salida, de casualidad me topé con Mario Giacomelli. Él piensa que en la primera parte el referente es The quiet man de Ford. Lamentablemente, no la he visto. La noche en que la veríamos en las tertulias quincenales con Jurguen Ureña, no fui. Tendré que estudiar muchos años más cine para llegar a comprender cada detalle. Por ejemplo, en la resolución de la historia me parece encontrar en la foto una escena de Lo que el viento se llevó. Solo busquen el afiche y véanlo.

Diego, mi hijo, dice que está sobrevalorada. Daniela que es demasiado cursi. Más bien, a mí, me termina de comprobar la infinitud de mi ignorancia. ¡Gracias Spielberg!

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