miércoles, 15 de febrero de 2012

Una reseña muda: El artista.



En el principio Los Lumiere crearon los cielos y la tierra... Y dijeron: Sea la luz; y fue la luz. Y vieron que la luz era buena y separaron la luz de las tinieblas. Y llamaron a la luz cinematógrafo, y a las tinieblas la llamarón cámara. Y fue la tarde y la mañana el primer día.

Y dijo Meliés: Haya un firmamento en medio de las aguas, y separó las aguas de las aguas. E hizo Melíes el espectáculo, y apartó las aguas que estaban debajo del firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento. Y fue así. Y llamó Meliés al firmamento entretenimiento.(Scorsese lo llamó Hugo). Y fue la tarde y la mañana el segundo día.

En el alfa solo eran imágenes, no habían ni los fragmentos de diálogos o explicaciones usuales del cine mudo. Tampoco había música que acompañara a los filmes. Alguien - no he logrado saber quién - se le ocurrió que la proyección podría acompañarse con música en vivo, ya desde un modesto piano o de una compleja orquesta. Y precisamente así, es la primera secuencia de El Artista, no sin antes haber degustado una presentación de créditos a la usanza de aquellas épocas.

Hasta acá han pasado muchos días en el cine, se construyó la industria cinematográfica en diversos países de Europa, pero especialmente en Hollywoodland en los Estados Unidos, se construyó el lenguaje audiovisual gracias a David W. Griffith y al aporte de Serguéi Eisenstein y se creó el Star System.

Precisamente en 1927 inicia El Artista, antes de la caída en desgracia de la reconocida estrella George Valentin (Jean Dujardin), por ventura del cambio tecnológico y de su orgullo por no proferir palabras; a la vez que, la extra Peppy Miller (Bérénice Bejo) emerge como una celebridad del cine sonoro. Valentin acompañado por su perro Uggie (Jack), el productor Al Zimmer (John Goodman), el chofer y asistente Clifton (James Cromwell) y su esposa Doris (Penelope Ann Miller).

Este viaje al pasado es altamente graficante. No en balde ha sido nominada a diez premios de la Academia con sobrados méritos: Película, Director, Actor principal y actriz de reparto, Guión Original, Fotografía, Montaje, Dirección Artística, Banda sonora y Vestuario. Además ha obtenido tres Golden Globe, siete Bafta y uno del Sindicato de actores.

¡Me hubiera encantado asistir a una función en donde la música fuera interpretada en vivo!

El artista que es un homenaje al cine de esa época, no es cine mudo, pues posee una banda sonora sincronizada que la acompaña y, además, habrá momentos que no necesariamente son silencios. En este y otros aspectos, como la fidelidad a la evolución de la historia del cine, el director Michel Hazanavicius se toma algunas licencias, lo cual me llevó a pensar si es razonable realizar comparaciones y fidelidades históricas en una obra artística.

No estamos frente al caso de Gus Van Sant en Psycho (1998) copiando -plano a plano- la memorable obra de Hitchcock y como "¡No se puede tocar a Dios con las manos sucias!", entonces para que cambiar aspecto alguno del clásico. De la misma manera en que Pierre Menard reescribe letra por letra, comas y puntos El Quijote de Cervantes, sin llegar a encontrar Van Sant lo que el crítico observó en el personaje Borgiano: "a pesar de los obstáculos, el fragmentario Quijote de Menard es más sutil e infinitamente más rico que el de Cervantes".

Hazanavicius no va a cometer ese vicio. La trama está basada libremente en el mecenazgo de Greta Garbo para con John Gilbert, rival de Rodolfo Valentino, sin llegar a tener un caracter biográfico. Enriquecida por su estudio meticuloso del cine de la época, así como por el cuidado de la morfología y sintaxis para contarnos un melodrama, que igual podría hacerte llorar o reir, y que está cargado de una nostalgia y nobleza que arden con mayor pasión que los fotogramas de nitrato de celulosa.

Es decir, tomando de acá y de allá, a partir de y fundado en el cine mudo, crea una propuesta de cine mudo en el siglo XXI que puede convivir y competir con los blockbuster y el 3D, con una propuesta 1D, solo imágenes (casi).

Rescato algo de su añoranza por el pasado, mucho de la sencillez para narrar con aparentemente pocos recursos, con sobreactuación y giños, la habilidad para hilvanar significados al subir o bajar las escaleras o en la iluminación de los espacios, en los encuadres y edición, entre otras delicadezas. Hazanavicius no copia, crea algo nuevo con materiales preexistentes. Así como en el principio...

Para decirlo en pocas palabras, al término de la función, tuve que usar ninguna: ¡Me dejó mudo!

2 comentarios:

  1. ¡¡Que post fantástico Jose!! así, con pocas palabras ;)
    ¡¡Abrazo!!

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  2. Gracias Fran, me interesé mucho por esta película y tus comentarios son muy oportunos y enriquecedores. Saludos

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